En enero de 1994, el subcomandante Marcos lideró el levantamiento en Chiapas (México), donde los pueblos indios estaban fuera de la agenda política. El movimiento ha transitado hacia el heroísmo de la vida diaria
por Juan Villoro* - El silencio de los indios / fue precisando esculturas”, con estos versos Carlos Pellicer resume el trato de México con los pueblos originarios. No se habla de ellos en tiempo presente; su gloria se repliega a una etapa anterior, la edad sin horas de la leyenda.
Los museos y las pirámides celebran su esplendor pretérito y las ciudades se adornan con estatuas, pero los indios de bronce no aluden a los actuales: los borran.
El 1 de enero de 1994, los zapatistas se levantaron en un país donde los pueblos indios estaban fuera de la agenda política. El libro más conocido sobre la cultura prehispánica es La visión de los vencidos. Ahí, Miguel León Portilla traduce con elocuencia un canto que refiere la caída de Tenochtitlan: “Y todo esto pasó con nosotros. / Nosotros lo vimos, nosotros lo admiramos: / Con esta lamentosa y triste suerte nos vimos angustiados”.
En México se hablan más de sesenta lenguas indígenas. Ninguna de ellas tiene carácter oficial. Los descendientes de Moctezuma recorren las calles de las grandes ciudades ofreciendo chicles y quincalla hecha en China, sin más señas de identidad que la miseria. Su “lamentosa y triste suerte” no ha cambiado.


